Historia del Campo de Rivesaltes

Historia del Campo de Rivesaltes

NACIMIENTO DE UN CAMPO DE INTERNAMIENTO

El 12 de noviembre de 1938 se promulgó la ley por la que se establecía el internamiento administrativo para los "extranjeros indeseables". La particularidad de la misma es que permitía el arresto y el internamiento de las personas no por algún crimen que pudieran haber cometido sino por el peligro potencial que supuestamente representaban para el Estado. Las primeras víctimas de esta ley fueron los españoles y los voluntarios de las Brigadas Internacionales que salieron huyendo de España tras la victoria de Franco.

En los primeros días del mes de febrero de 1939, fueron más de 450 000 los que cruzaron la frontera pirenaica, la mayoría de los cuales se encontraron pronto en las playas del Rosellón, en Argelès, Saint-Cyprien y Barcarès. Algunos de ellos acabaran ezn Rivesaltes.

No fue hasta otoño de 1939 en que se inició el acondicionamiento de las instalaciones militares del "campo Joffre", una área extensa de más de 600ha, que tenían un uso exclusivamente militar y que, de hecho, fueron ocupadas en primer lugar por las tropas coloniales.

En junio-julio de 1940, con la caída de Francia y el establecimiento de un régimen autoritario en Vichy que instauraba una polític de exclusión y optaba por la colaboración con el regimen nazi, más de 50 000 personas se vieron recluidas en pocos meses en los campos del sur de Francia, en esta zona no ocupada, llamada "libre".

Pero los campos del sur atrevesaron una grave crisis dado que el gobierno carecía realmente de los medios para llevar adelante su política. En diciembre de 1940, la solución pasó por el traslado de miles de internos a los edificios permanentes de Rivesaltes. Si embargo, enseguida las dificultades de abastecimiento, los rigores climáticos, el gran número de bebés y niños ofrecieron un decorado muy diferente.

El 14 de enero de 1941 llegaron los primeros convoyes procedentes de otros campos. Había españoles y gitanos, éstos últimos que habían sido evacuados hacía meses de Alsacia-Mosela, un teritorio incorporado de facto al Tercer Reich.

1942, en el ojo del huracán

Photo Paul Senn. Coll.FFV, musée des Beaux-Arts, Berne. Dép.FGK © Dép.FGKSi bien desde enero de 1941, la historia de Rivesaltes se inscribía en la lógica de exclusión propugnada por Vichy, la situación cambió en verano de 1942. El Estado francés se avino, de hecho, a gestionar de manera conjunta la deportación de los judíos de Francia
demandada por la ocupación nazi, y ello a pesar de que no hubo presencia de soldados alemanesen el sur hasta noviembre de 1942. Entre agosto ynoviembre de 1942, cerca de 10.000 judíos fueron entregados por Vichy en nombre de la Colaboración. De Rivesaltes, partieron en 9 convoyes, unos 2 313 hombres, mujeres y niños.El primero de estos convoyes salió de Rivesaltes el 11 de agosto de 1942 en dirección a Drancy, centro de tránsito de la deportación de los judíos de Francia,antesala de la muerte, ya que la mayoría de los 76.000 judíos deportados de Francia acabaron principalmente en Auschwitz-Birkenau.
Al principio, es el Estado francés quien separa a los propios reclusos, luego enseguida se convirtió en un campo regional y, finalmente, a principios de septiembre, pasó a ser centro interregional de deportación de todos los judíos de la zona no ocupada, el «Drancy de la zona libre», parafraseando a Serge Klarsfeld.
Ahora bien, cabe recordar, asimismo, que de los cerca de 5.000 judíos recluidos en Rivesaltes entre agosto y noviembre de 1942, más de la mitad escapó de estos convoyes merced al trabajo de las obras de asistencia (Cruz Roja suiza, OSE, Cimade,
YMCA, Unitarian Service, etc...), pero también a la intervención del enviado del Prefecto, Paul Corazzi, que hizo todo lo posible para librar de la deportación al máximo número de personas y, en particular, a la mayor parte de los niños.
Durante sus casi dos años de existencia, 17.500 personas fueron recluidas en Rivesaltes, de las cuales el 53% eran españoles, el 40% judíos (extranjeros) y el 7% gitanos (franceses).

A partir del 22 de noviembre de 1942, es decir, diez días después de la ocupación de la zona sur, los alemanes vaciaron el campo para devolverle su cometido
original, como cuartel para las tropas que intervenían en la defensa de las costas.

LAS INCERTIDUMBRES DEL FINAL DEL CONFLICTO

La liberación del departamento de los Pirineos Orientales se tradujo, de manera inmediata, en la reutilización de los barracones como campo de internamiento para, básicamente, sospechosos de Colaboración y traficantes del mercado negro. Fue en septiembre de 1944 cuando se instauró este «centro de estancia vigilada».
Fue cuestión de unos meses: en abril de 1945, se convirtió en campo de prisioneros de guerra, en su mayoría alemanes, aunque también austríacos y durante un tiempo, italianos. El número de prisioneros aumentó muy rápidamente (hasta superar los 10.000), de modo que sus condiciones de cautiverio empeoraron a marchas forzadas y conllevaron una elevada mortalidad en 1945, tal y como ocurrió en los demás campos.
La colocación de muchos de estos hombres como trabajadores fuera del campo, unida al cambio de representante de los prisioneros de guerra, mejoraron significativamente la situación a partir del verano de 1946. La liberación de los últimos prisioneros a principios de 1948 conllevó el cierre de la prisión. El campo de Rivesaltes recuperó entonces plenamente su vocación militar, de algún modo «normal».

DE LA GUERRA DE ARGELIA A LA LLEGADA MASIVA DE LOS HARKIS

© Fonds Bailhache

La Guerra de Argelia no tarda en dejar huella en la historia del campo de Rivesaltes. Son muchos los reclutas que pasan por él antes de cruzar el Mediterráneo. Al final de la guerra, entre enero y mayo 1962, cuatro de los bloques son transformados en centro penitenciario para encerrar a los prisioneros del Frente de liberación Nacional (FLN). Pero es en septiembre de 1962, una vez ya acabada la guerra, cuando recibe a los miembros de las antiguas tropas auxiliares del ejército francés en Argelia, los llamados
harkis. Los que pudieron abandonar Argelia se reencuentran allí con sus familias, procedentes principalmente de los otros centros de primera acogida, como Bourg-Lastic, Bias y le Larzac. Al principio se instalaron en tiendas de campaña militares. A las dificultades materiales y la promiscuidad se añaden el sufrimiento psicológico y el dolor del exilio. El viento y el frío del invierno de 1962 acentuaron trágicamente la precariedad de las instalaciones. Con la reubicación de las familias en los barracones, la vida se organiza de forma gradual. Sin embargo, la integración de los miembros de las antiguas tropas auxiliares y de sus respectivas familias resultó difícil. Rechazados por la Argelia independiente y, en consecuencia, por una parte de la opinión pública francesa, fueron dejados a su
suerte por el gobierno francés. Muchos de ellos fueron reconducidos hacia las minas, la siderurgia y las industrias del norte de Francia, o distribuidos progresivamente en bloques de viviendas de zonas urbanas especialmente concebidos para su alojamiento, y en 75 aldeas forestales localizadas principalmente en el sur y el sureste (una de las cuales en el campo de Rivesaltes). El centro de tránsito de Rivesaltes, por el que acabaron pasando cerca de 21.000 harkis con sus respectivas familias, se clausuró oficialmente en marzo de 1964, aunque siguió existiendo un pueblo civil hasta marzo de 1965. Las últimas familias abandonaron la aldea forestal de Rivesaltes y fueron realojados en la ciudad de Réart (Rivesaltes) en 1977.

Tras la marcha de los harkis y hasta marzo de 1966, Francia trasladó al campo de Rivesaltes a militares guineanos y a sus familias (unos 800 en total), que desde de la independencia de Guinea, en 1958, se hallaban repartidos por cuarteles franceses en África: Senegal, Costa de Marfil, Níger… En la misma época, el campo acoge, asimismo, a un pequeño grupo de militares llegados de la Indochina francesa. El campo recupera de nuevo su vocación militar y vive un nuevo sobresalto histórico cuando, entre 1986 y 2007, se instala en él un pequeño centro de retención administrativa para extranjeros deportables, que acabará siendo trasladado a Perpiñán, por considerarse incompatible su presencia allí con la realización de un espacio de memoria e historia.